Para no olvidar
¿Roger Waters en Perú? Quién lo creería
Eran domingos por la mañana de los años ochenta, apenas tenía media década o un poco más, pero por mis oídos ya entraban las tonadas de Pink Floyd; y el lunes 12 de marzo, ingresaron - en vivo y en directo - esos sonidos con los que crecí y con los que mi padre me enseñó a amar a la música.
La gran mayoría dice que fue el concierto del año, otros, el de la década, y es que tener al señor Roger Waters, bajista de Pink Floyd, en suelo limeño, fue un sueño hecho realidad para muchos, incluyéndome.
No contaré - en esta humilde reseña - qué canciones tocó porque ya se ha escrito mucho de ello, o que un cerdo voló sobre el cielo de Ate, pidiendo la igualdad entre peruanos. Esta nota busca hacer presente que Perú por primera vez sí tuvo un show de primer nivel.
El sonido, las imágenes, los efectos especiales, los láser, todo ello dejó boquiabiertos a las aproximadamente 12 mil personas que asistieron al concierto. Hay que dar razón a aquellos que dicen que un espectáculo de esa calidad cambiará la escena musical, bueno, ojalá que sí y que de una vez bajen los impuestos que impiden que gocemos de artistas, que nuestros vecinos sí han tenido la oportunidad de albergar, en más de una ocasión.
Debemos hacer algo por la rebaja de los impuestos, una marcha, una protesta, un foro, un proyecto, no sé, algo; pero todos los que amamos la música, y no sólo los rockeros, debemos poner presión al Gobierno; para que así Lima se convierta en una tarima más en la que grupos de talla mundial se presenten.
Sobre el concierto, todo estuvo muy bien, pero creo que faltó un poco más de fuerza vocal a los niños que acompañaron a Roger Waters en la canción Another Brick In The Wall, ya que más se escuchó al público quien coreó, incluso sin saber mucho inglés, el tema más conocido de los Floyd.
Una cosa más sobre los niños; todo bien, son peruanos, pero a mi modo de ver las cosas, debieron ser niños de otro estrato, por ejemplo de un colegio estatal para que de verdad se sienta la protesta sobre la educación, que no da resultado si se desea realizar con jóvenes gringuitos, quienes en su gran mayoría, seguro tienen raíces o ascendencia foránea.
Se habrá preguntado Roger Waters: ¿Qué gringos son los peruanos? Sí, ya sé, no debemos estereotiparnos como los serranitos con chullo incluido, pero creo que hubiese sido más equitativo poner a niños de diferentes estratos y mixturas raciales. Igual todo salió bien y qué suertudos que fueron.
Cuando se decía que Waters venía al Perú, no lo creía; fui una de las personas que tardó en comprar sus entradas, obvio, no quería que me pasara lo mismo que aquellos que adquirieron su ticket para ver a Rod Stewart o Michael Jackson, cantantes que cancelaron su show a último minuto.
Finalmente, y con la ingrata sorpresa del alza de los boletos conforme se iba acercando el día del concierto, me decidí y compré, me corrí el riesgo, me la jugué; ya cuando me enteré de la llegada de Waters, me sentí más relajada y agradecí al cielo esta maravillosa oportunidad.
No voy a mentir, ha sido la mejor compra de mi vida y no me arrepiento haber adquirido stand up porque gocé con toda la gente y estuve en la primera hilera; así que no hay arrepentimiento de no haber comprado VIP o preferencial; si hubieran sido más baratas, claro, quién no habría ido a las primeras filas, pero no fue así, las entras estuvieron caras (comprensible por la cuestión de los impuestos) y en eso vuelvo con la insistencia de hacer algo de una vez por todas, para que bajen esos impuestos.
Definitivamente un recuerdo que me llevaré hasta que la vida me diga ahí no más, ahí quedo tu ruta, te bajas en el siguiente paradero; una deuda pagada a mi padre (a quién llevé ese día) por haberme criado y acompañado mi crecimiento con las tonadas de los Pink Floyd.
Gracias señor Waters por venir al Perú.
REDACCIÓN: DIANA PANDO
FOTOS: MAYKOLL CALDERÓN (www.peru.com) DAVID SÁNCHEZ y JIM FUPUY (http://blog.pucp.edu.pe)