UN HOYO EN EL ROCK LATINO
Hace casi medio año que no se escucha en vivo, “Sexo”, “Muevan las Industrias”, “Tren al Sur” o “We are Sudamerican Rockers”, y la razón es la separación de Los Prisioneros, banda rockera de Chile que parece estar sepultada definitivamente.
Pero la agonía de los chicos de San Miguel (barrio santiaguino), ya traía cola, pues después de su reencuentro a finales del 2001, la relación de la agrupación se fue en picada. Ni la exitosa gira por varios países de Latinoamérica, ni un disco homónimo que vendió miles de copias, hizo que el rock de los presos se mantuviera unido.
FORMACIÓN ORIGINAL
Principio del fin
Era agosto del 2003 y Los Prisioneros regresaron a su nación luego de tocar en Arequipa, pero en vez de entrar al estudio para preparar el siguiente álbum, Jorge González (voz y bajo) y Miguel Tapia (betería) deciden echar de la banda al guitarrista Claudio Narea.
¿La razón?: según ellos su compañero era un “flojo” que no aportaba en las composiciones. Y así de simple el hombre de las 6 cuerdas se fue del conjunto musical, sin embargo no todo se volvió un lecho de rosas, pues la maldición estaba por iniciarse otra vez.
Luego de dar su último concierto como trío, se publica una carta de Narea contra sus ex amigos en una web, con lo cual la hoguera comenzó a arder. Para colmo esa misiva resultó ser el centro de las preguntas, en la conferencia de prensa en la que se presentó a Álvaro Henríquez (líder de la banda Los Tres) como el reemplazo del guitarrista.
INCIDENTE EN CONFERENCIA DE PRENSA
González perdió los papeles y tiró al suelo micrófonos y vasos con agua, sentenciando así su condena con la prensa chilena. “Había otra persona en la banda a la que había que aceptarle las cosas tal como eran, sin ninguna crítica, sólo porque era lo único que tenía que ofrecer”, explicó el bajista, días después del incidente.
Amor y odio
La vieja mala vibra estaba de regreso, y los medios gozaban con eso. Jorge y Miguel se peleaban con Claudio, y viceversa, a través de los periódicos, la tele y las radios, e incluso el músico despedido reveló que su última composición como un prisionero (Canción de Trabajo), era el fiel reflejo de lo horrible que era trabajar con sus ex camaradas.
“Tengo trabajo y me da lata, no es mala plata, pero no basta para motivarme, ni convencerme”, dice el tema, del cual Narea comentó: “Representa ciertos momentos en que me he sentido así en el trabajo (…) De cómo yo pensaba que se me veía a mí dentro del grupo, un huevón que se tira las pelotas y no hace nada”.
CLAUDIO NAREA
Pero la venganza fue dulce para González, pues en el 2004 Los Prisioneros sacan al mercado “Manzana”, un disco en el cual había una canción que atacaba con todo al ex guitarrista.
“Acomodado en el Rock and Roll”, fue la clara percepción del líder de los presos, sobre el otrora miembro de la agrupación. “Cuando te levantas, todos te saludan, te ven en la tele, te gritan ¡maestro!, te gusta ¿verdad? Eres personaje grande en un pueblo chico, los ahorros te hacen moderadamente rico”, narra el tema.
Pena de muerte
La guerra desatada hizo que Jorge González decidiera hacer maletas y mudarse a México, pero Miguel Tapia y el nuevo integrante Coti Badilla, no se enrumbaron en el viaje. Eso causó que poco a poco las baterías se fueran gastando.
La lejanía sólo permitía que el trío se reuniera esporádicamente, para hacer cortas giras, sin embargo ese estilo de trabajo llegó a su fin en febrero de este año, mientras la banda tocaba en Caracas, Venezuela.
ÚLTIMA FORMACIÓN
Había transcurrido 1 hora y 10 minutos y “Tren al sur” acababa de concluir, entonces González deja el escenario y parte hacia el hotel. Un representante de la empresa que contrató a la agrupación, lo fue a buscar y lo obligó a regresar, ya que según el contrato faltaban varios temas por ser interpretados.
Cuando Jorge volvió al local, ya habían pasado 30 minutos y la fanaticada estaba furiosa, e incluso gritaba: “Traicioneros, traicioneros…”. Es así como el músico cogió una guitarra acústica, y sin Miguel y Coti, tocó sólo 3 canciones. “Les advierto que no hay más temas”, exclamó ante los reclamos airados de la audiencia.
Mientras tanto, en los camerinos Tapia echaba fuego y anunciaba la separación definitiva de Los Prisioneros. “No pienso tocar nunca más con él (Jorge) (…) Esta es otra de sus malcriadeces (…) No hay posibilidad de volver, ¡lo descarto!, ya estamos viejos”, exclamó muy ofuscado el baterista.
Pero además, Miguel contó que la esposa de González, Loreto Otero, tenía que ver mucho en la separación, pues comentó que ésta anunció por mail, que la banda se disolvía, cuando ni él ni Coti estaban informados. ¿La Yoko Ono o la Courtney Love del rock latino?
MIGUEL TAPIA
Meses después, Jorge se animó a explicar el por qué de su comportamiento a la revista Rolling Stone: “La gente saltaba como loca, iban a romper el teatro… pero como la banda terminaba ese día, para mí la emoción no era la misma. Tocar nada más que por la satisfacción de reproducir lo mejor posible las canciones antiguas y luego pasar a cobrar, no me emocionaba mucho”.
Decisión fatal que hace recordar la opinión, que dio el ex manager de Los Prisioneros, Carlos Fonseca, de por qué Jorge siempre se metía en líos. “Cuando le va bien, empieza a hacer cosas para que le vaya mal, eso es lo que digo yo, que es autodestructivo”, manifestó.
JORGE GONZÁLEZ
En una de sus tantas visitas al Perú, González señaló que su banda no era la mejor del planeta, sino sólo una más. Y con su actitud colaboró a que hoy eso sea toda una realidad, pues muchos en Latinoamérica extrañan los viejos tiempos, ya que Los Prisioneros desde hace meses se encuentran en el panteón del rock. El baile ha concluido señores.
BRUNO BARTRA BAZÁN.